GOYA.
DESCRIPCIÓN
Un grupo de mamelucos sujeta por las piernas a un prisionero desnudo al que un soldado se dispone a mutilar en la ingle. La violencia de la que Goya es testigo durante la Guerra de la Independencia le impulsa a retomar unos dibujos. Este tipo de obra expresa el dolor y la angustia ante los acontecimientos de los que es a la vez testigo y víctima.
La serie suele dividirse en tres partes: las dos primeras constituyen los desastres de la guerra y , la tercera, los llamados caprichos enfáticos, se entienden como una reflexión sobre las consecuencias de los acontecimientos durante el absolutismo fernandino.
La mirada de Goya es la de la lucidez y la de la crueldad, la miseria, el hambre, la tortura y la muerte. Se aleja, en la representación, de la visión tradicional en la que se ve la figura del héroe, para presentarnos una realidad sin fisuras.
Construye en las escenas un tiempo propio, va componiendo las distintas caras de la guerra ajena a las coordenadas espacio-temporales.. Trabaja normalmente con dos planos y prescindiendo de la profundidad de campo. De la misma forma se sirve de recursos escénicos para construir una obra realista y verosímil, creando una ilusión escénica.
En cuanto a la acción, las escenas se presentan de una manera dinámica. Sitúa ante nuestros ojos el avance de la guerra, opta por una secuencia verosímil: primero la lucha y el descontrol, con la pérdida de valores morales y humanos; en seguida la miseria, la enfermedad y el hambre; por último, la vuelta al orden. Y siempre, la muerte.
TÉCNICA. MATERIA
Francisco de Goya y Lucientes fue un pintor y grabador español. Su obra abarca la pintura de caballete y mural, el grabado y el dibujo. En todas estas facetas desarrolló un estilo que inaugura el Romanticismo. El arte goyesco supone, asimismo, el comienzo de la pintura contemporánea y es precursor de las vanguardias pictóricas del siglo XX; por todo ello, se le considera uno de los artistas españoles más relevantes y uno de los grandes maestros de la historia del arte.
Goya, en todo caso, es un pintor cuyo aprendizaje progresa lentamente, y su obra de madurez se revelará tarde. No es extraño que no obtuviera el primer premio en el concurso de pintura de tercera categoría convocado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1763, en el que el jurado no le otorgó ningún voto en competencia con Gregorio Ferro. Tres años más tarde, esta vez en la convocatoria de primera clase, volvió a intentarlo a fin de obtener una beca de formación en Roma, de nuevo sin éxito.
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